Aranda de Duero, 22 de junio 1993
Estimado Virgilio, en el Concepto escribí: [..] La parte sobresaliente del tubo será enmurallada por completo con ladrillos que habré coleccionado entre los residuos de terrenos de construcción. [..]
Hoy he dado comienzo a la ejecución de este plan, aunque sea con ladrillos comprados, no encontrados.
Nueve capas de dieciseis ladrillos partidos en dos cada una fueron necesarias para encubrir el tubo hasta una altura de ciento diez centímetros sobre el nivel de la superficie. Resultó difícil hacer una labor de albañil cuidadosa: encajar los círculos de piedras empedradas en posición lateral es bastante complicado. Pero ya que era mi intención estañar la superficie más tarde, las irregularidades no eran ningún inconveniente grave.
Mientras estaba construyendo las dos últimas capas empezó a llover. Los que ya habían visto venir el temporal habían buscado refugio bajo un paraguas o un sombrero improvisado hecho de un periódico doblado.
Para evitar que la lluvia se llevara traidoramente de entre las junturas el cemento que yo había legítimamente aplicado, dispuse mi gabardina alrededor de lo que, pensándolo bien, era lo único en todo el proyecto construido con mano propia. Al llegar al hostal, el nivel del agua en el cubo que llevaba conmigo ya casi había subido a un centímetro.
Atentamente, Arnold Schalks.