Día 16

Aranda de Duero, 19 de junio 1993

Estimado Virgilio. Este es el día de la resurrección! Algo débil todavía, me acerqué a la Sección Infantil de la Casa de Cultura, donde mi colección de relictos mantenía el aliento en espera de la selección que se avecinaba. Muy callados, los más de 300 objetos se preparaban para luchar por un lugar en la vitrina final. Todos tenían oportunidad de participar sin prejuicios.

Comprendiendo ahora el dilema de un antólogo entre un campo florido de poesía, yo contemplé el panorama de tiesto y hueso. Saber que antes de que se hiciera oscuro la gran mayoría de estos objetos habrían sido exilados de nuevo a una existencia tenebrosa, enrollados en papel de periódico en una caja de zapatos, me puso triste. La insolencia de haber despertado de su sueño eterno a los que no serían elegidos, para una futileza tal como esta selección, no hizo más fácil mi tarea. Con toda la integridad posible hice mi deber, el de pasar juicio sobre este reino de fracturas y restos de comidas.

Arnold Schalks

La vitrina la dividí en ocho secciones fechadas, de 25,5 x 23,3 centímetros. En cada sección quería mostrar una selección de los objetos desenterrados aquel día. Ya que las excavaciones sólo habían dado resultados en siete días, dejé vacía la sección octava. Y he aquí que a pesar de la dureza de mi tarea me divertí seleccionando y arreglando la vitrina. En mi selección me dejé guiar por asociaciones y el papel más importante fue desempeñado por criterios poco científicos como forma y color: no tenía ningún arqueólogo controlando mi labor. Me sentí como un autor, tratando de escribir sobre el papel una historia que ha ido llevando mucho tiempo en la cabeza. No conseguí finalizar el manuscrito antes de la hora de cerrar el edificio.

Atentamente, Arnold Schalks.