Aranda de Duero, 8 de junio 1993
Estimado Virgilio, esta mañana llegué tarde al trabajo, ya que una lista de compras me apartó de realizar una llegada temprana.
Su arena parece sufrir una reacción química con el aire, que la hace más dura. Esto repercute sobre la labor de excavación. La arcilla, que rellena aquí y allá las grietas entre los pedruscos del fundamento amontonado, es dura y de color rojo.
He empezado a repartir uno por uno sobre el montón de tierra los guijarros más grandes que se encuentran en la arena. Esto me ahorra mucho trepar.
Mi posición en el hoyo hace tiempo que no es ya visible para el público. Este sólo puede deducir mi presencia por alguna piedra que de vez en cuando sale disparada del hoyo, o por el ruido raspante de mi paleta en la arena tenaz. De tanto en tanto reaparezco de mi escondite, cargando un cubo lleno de arena, para reasegurarles.
Después de comer me dediqué a mis hallazgos: los huesos los blanqueé en vinagre. La cerámica la limpié con agua y un cepillo.
Tan solo ahora resulta cuan variada y detallada es la colección que he excavado. Con asombro paseo mi mirada sobre la rica cosecha que puse en la luz del presente para secarse al aire del presente. Con un vocabulario tan enorme, seguro que se puede contar una historia muy delicada.
Atentamente, Arnold Schalks.
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El hoyo (Calle Barrio Nuevo)
5o día, 8 de junio 1993. Profundidad: 2.1 metros.