Día 4

Aranda de Duero, 7 de junio 1993

Estimado Virgilio, el ruido producido por sus co-Arandeses es de una grandeza metropolitana, y por las noches alcanza niveles que no desentonarían en una capital tal como Nueva York. A través de la ventana abierta, este hecho no dejó de influir sobre mi reposo nocturno.

Pero ahora, tumbado en la luz de la madrugada, miro hacia arriba, donde las golondrinas, raudas como flechas, trazan círculos en el azul. Sus colitas son una señal de Victoria hacia un cielo del cual ya no caerá más lluvia.

La construcción diurna en su terreno avanza de manera inespectacular.

He decidido no profundizar más la excavación del círculo completo (Ø 2 metros), sino limitarme a la parte que se deja roturar mejor: he alcanzado una capa de arena que es relativamente fácil de excavar. En la otra parte del hoyo, el amontonamiento de piedras continúa en la profundidad. Aunque el pozo se hace más estrecho a medida que va bajando, no puedo eliminar las piedras que sobresalen, pues me sirven de escalones para ascender y descender.

Tal vez detrás de estas piedras se encuentra el segundo o el tercer sótano prometido, en que se hallan apilados hallazgos de valor incalculable, que cambiarían de un solo golpe el curso de mi vida.

Tutankaaaaaaaah............, buenas noches!

Atentamente, Arnold Schalks