Aranda de Duero, 5 de junio 1993
Estimado Virgilio, si habitualmente hago uso de pluma, papel y memoria para producir, excavando en el lenguaje, mi obra, aquí en Aranda empleo pala, tamiz y el suelo español para el mismo fin.
Su suelo es duro. Dura es la mano de la suerte que yo mismo escogí. Para darme ánimos, me imagino que pronto su suelo cederá, se dará por vencido, pero hasta ahora no hay nada que pueda corroborar tal teoría.
Los duros esfuerzos han atacado de tal forma mi motórica fina, que apenas soy capaz de escribir estas palabras legiblemente: mis anotaciones a lo que más se parecen es a un seismograma. Es como si las sacudidas de la pica que hace pocos instantes manejaba hubieran sido transmitadas a través del astil y almacenadas en mi cuerpo, para ser ahora reproducidas gráficamente a través de mi mano derecha.
Tengo dificultades en hallar en este clima la proporción adecuada entre golpear, remover, cavar y golpear. Un buen reparto de las fuerzas es aquí la mitad del trabajo. Todavía el organismo hace lo que se le pide.
Cavo y creo, inspiración y transpiración.
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A las miradas inquisitivas de los transeúntes de momento sólo puedo responder continuando mi trabajo, con la elocuencia de mi esfuerzo físico. La versión traducida al español de mi Concepto, colocada sobre una tablilla de madera en la verja, tendrá que bastar de momento para calmar su primera hambre de información.
Al final del día me he adentrado hasta las rodillas en su suelo.
Atentamente, Arnold Schalks.